Una madre

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una madreEntrar en el mundo de “Una madre” es bastante sencillo. Desde el momento en el que abres el libro y comienzas su lectura, sientes que llamas al timbre de una casa que se parece poco y demasiado a la tuya. Puedes ver la silla en la que te sentarás esta Nochevieja y la cara de la madre que desea que, esta vez sí, transcurra la cena ideal que ella ha imaginado. Y es lo que buscas: tener, quizá por primera vez, una hermosa y tranquila experiencia con la familia de Amalia, con tu familia. Notas cómo la hora de la cena se va acercando y los invitados, la familia va llegando y apenas sucede nada. Pero sabes que todo está sucediendo a una velocidad vertiginosa. Notas cómo la mano de alguien, la de Alejandro Palomas supones, toma la tuya, la aprieta y su voz te susurra palabras tranquilizadoras, invitándote a vivir, a sentirte vivo.
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Y ni siquiera te has dado cuenta de que la novela va avanzando, de que conoces a Amalia, la madre (una madre) mucho mejor de lo que ella misma se conoció nunca: su humor casi absurdo, su terror al silencio y el profundo amor (protectora en exceso, pero ¿qué madre no lo es?) que siente por sus hijos y por casi todo el mundo llenándola de alegría, pero también de miedos. Con ella compartes la soledad aplastante de Fer (el narrador de la historia), al que deseas ayudar a remontar tras la desilusión del desamor. Te preocupas por Emma, por esa niña que vio cómo Sara, su gran amor, nunca llegó a su cita. Te enfadas con Silvia, esa pobre criatura dominante y obsesiva, tan frágil que en cualquier momento puede romperse. Y de repente llega Tío Eduardo, tarde como siempre, y ríes con él a carcajadas, aunque se le asome por el bolsillo de la chaqueta el enorme paquete de tristezas y soledades que trae con él. Y vuelves a enfadarte con la tonta de Olga, la nueva pareja de Emma que trata de mostrar su tremenda seguridad y su fortaleza en unos momentos en los que todo eso sobra. Y te emocionas, y lloras y ríes y despiertas. Y disfrutas enormemente de una cena tan temida, tan inevitable, tan intensa.

Cierras el libro y te preguntas cómo el autor de la novela, Alejandro Palomas, ha conseguido sin aparente esfuerzo que sintieras a todos los protagonistas de la novela tan cerca y que te creyeras, por un momento, un miembro más de esa familia tan distinta, pero tan tuya; que ya te consideraras un hijo más de Amalia o, quizá, la propia Amalia, su alma. Y comienzas a recomendar el libro en la librería, en las redes sociales, en el bar, en la biblioteca… lo recomiendas a todos aquellos que quieran sentir, emocionarse y vivir el amor (de nuevo o por primera vez; en ocasiones absurdo, pero siempre incondicional) de una madre.


Alejandro PalomasAlejandro Palomas (Barcelona, 1967) es licenciado en Filología Inglesa y Master in Poetics por el New College de San Francisco. Ha compaginado sus incursiones en el mundo del periodismo con la traducción de importantes autores. Entre otras, ha publicado las novelas El tiempo del corazón (publicada en Siruela y por la que fue nombrado Nuevo Talento Fnac), Tanta vida, El secreto de los Hoffman (finalista del Premio de Novela Ciudad de Torrevieja 2008 y adaptada al teatro en 2009), El alma del mundo (finalista del Premio Primavera 2011) y El tiempo que nos une. Su obra ha sido traducida a ocho lenguas.

Bajo el techo que se desmorona

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Bajo el techo que se desmorona de Goran PetrovicLa imagen de infinidad de cascaritas de cal, casi imperceptibles, lloviznando desde el techo del Cine Sutjeska, desde la imagen del universo, el sol y la luna que lo adornan, es la metáfora de la que se sirve Goran Petrovic para narrarnos la caída del régimen comunista de la antigua Yugoslavia, la desilusión y el desvalimiento de sus gentes y que justifica todo el genial libro que os queremos recomendar en esta ocasión: “Bajo el techo que se desmorona“, editado por Sexto Piso, es un libro (¿novela, historia, memorias…?) que centrándose en las historias mínimas, en detalles sin importancia que suceden en un anticuado cine, recorre momentos cruciales de la vida de un país, de un continente, de todos nosotros en general.

Centrando la mirada en el Cine Uranija, y en su acomodador, el servil y siempre ausente Simonovic, el autor, con un refinadísimo sentido del humor y una cercanía muy difícil de conseguir, nos habla de cada una de las personas que han sido importantes en él. Así conocemos a su fundador, el zapatero y comerciante Laza Jovanovic quien con una apuesta comercial disparatada (comprar miles de botas izquierdas del ejército que nadie quiere a la espera de que aparezcan las botas derechas) consigue el dinero para construir el Hotel Jugoslavija en la calle principal de la ciudad, con una fastuosa sala de cine en la parte trasera. O también podemos conocer al camarada Avramovic, un antiguo y destacado militante de la Liga de los Comunistas, tan acostumbrado a las reuniones del Partido y a sus votaciones que conserva el tic de levantar el brazo derecho en cualquier momento, lo que le lleva a ocupar cargos importantes, pero también propicia su caída en desgracia: tan solo depende del momento en el que el bueno de Avramovic levante el brazo.

Se suceden las descripciones divertidas y sutiles de personajes entrañables y disparatados (quién sabe por qué nos vienen a la mente películas como “Amarcord” de Fellini o “Splendor” de Ettore Scola), como la de la increíble pareja de inmigrantes Gagui y Dragan: Dragan es incapaz de leer los acostumbrados subtítulos de las películas extranjeras y pide a Gagui que le cuente qué dicen los personajes, y este lo hace con un cariño enorme; tanto que, poco a poco, se va alejando de la realidad de lo que se lee en pantalla para ir inventando unas historias cada vez más alocadas, pero seguro de que emocionarán a Dragan. Todo ello molesta al aburrido señor Dordevic que, en su rectitud de hombre de bien, mete sus narices donde no le llaman y recrimina constantemente a Gagui que engañe a su amigo.

Con un hermoso estilo narrativo y una calculada candidez, el autor deja abierta la puerta a que indaguemos tras cada uno de estos personajes y situaciones para encontrar un reflejo de la historia de su país, de sus gentes capaces de los gestos más hermosos y de las más crueles maldades (en la narración no se olvida de mirar a algún que otro “personajillo” poderoso capaz de sembrar terror con tan solo ofrecer un cigarrillo de su pitillera).

Una verdadera joya tan breve que podréis leerla en un suspiro, pero estamos seguros de que si os animáis a sumergiros en ella, no os conformaréis con eso y querréis saborear sus distintas lecturas, volviendo adelante y atrás, quedándoos atrapados bajo ese techo desvencijado y triste.

Goran Petrovic

¡Melisande! ¿Qué son los sueños?

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¡Melisande! ¿Qué son los sueños?En ocasiones no resulta fácil de explicar el impulso que nos hace meter en la mochila un libro y no otro cuando nos volvemos a casa al cerrar la librería: una reseña apasionada (acertada o no), la recomendación de otro librero o la presencia de un autor que en alguna otra ocasión ha conseguido removernos son a menudo causas suficientes para generar esos impulsos. Pero hay otro factor importante que puede impulsar definitivamente a un librero a leer un libro a pesar de no saber nada de la obra en sí ni de su autor: la sincera apuesta de un editor independiente, comprometido y amante de su trabajo.

Esto último fue lo que consiguió que estuviéramos esperando con verdadero afán la publicación de una novela que, en sí misma, no tenía demasiadas posibilidades de destacar entre las demasiadas (y muchas veces prescindibles) novedades que se reciben cada día en la librería. La ópera prima de un crítico literario norteamericano, de 73 años, habitante de Israel… pero es enorme el agradecimiento hacia su editor Luis Solano, de Libros del Asteroide, por habernos “convencido” de leer esta obra tan sencilla y tan hermosa.

No exageramos si decimos que leer “¡Melisande! ¿Qué son los sueños?” de Hillel Halkin supone una experiencia sobrecogedora, porque desde la primera página nos seduce con la historia de tres jóvenes amantes de la literatura y la escritura, que comienzan una juvenil, pero difícil relación a tres bandas de amor y afecto en la Nueva York de los años cincuenta. Los versos de un poema de Heinrich Heine sirven a Hoo (a modo de magdalena de Proust) para rememorar ese trío maravilloso e imposible que formó desde el Instituto con Ricky y Melisande, y narrarnos así toda su historia, implicándonos de un modo involuntario, pero irremediable. Porque resulta muy complicado no sentirse involucrado, en el medio de los acontecimientos por un autor que lo narra todo con aparente desapego, pero con un enorme afecto por sus protagonistas.

Este librero tiende a ser algo exagerado en sus comparaciones cuando una novela le ha apasionado, pero lo cierto es que Halkin consigue con esta novela hacer recordar a la literatura de nuestro amado Richard Yates, la literatura de la frustración ante los retos de la American Way of Life, y de la ansiedad por ver cumplidos los sueños; la de los personajes perfectos, creíbles… en definitiva, la literatura de los grandes narradores norteamericanos.

Un hombre al margen

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La historia de la humanidad, y por tanto la de la literatura, está plagada de casos de condenas injustas, de personas inocentes acusadas de unos hechos que no cometieron. Filósofos, brujas, infieles, profetas o sencillos ciudadanos fueron ajusticiados a pesar de que la historia demostró su inocencia y los absolvió. Sin embargo, la mayoría de ellos nos resultan tan lejanos en el tiempo o en el espacio que tenemos la tentación de creernos completamente a salvo de ser considerados falsos culpables.

Un hombre al MargenSin embargo, la novela que hoy os queremos recomendar nos da una bofetada en el “buenismo” en el que esta sociedad se ha instalado, advirtiéndonos de que no solo cualquiera de nosotros puede llegar a ser el blanco de todas las miradas sin tener culpa ninguna, sino que también cada uno de nosotros es perfectamente capaz de condenar a nuestro prójimo teniendo en su contra tan solo indicios, sensaciones, opiniones (quien no haya considerado en algún momento que Dolores Vázquez debía pudrirse en prisión por el asesinato de Rocío Wanninkhof, que tire la primera piedra).

En “Un hombre al margen“, editada por la estupenda Nórdica Libros (que ha supuesto a su autor, Alexandre Postel, obtener el Premio Goncourt 2013 a la Mejor Primera Novela), conocemos a Damien North, un severo, aunque algo extravagante, profesor universitario de Filosofía quien muy pronto se ve envuelto en una acusación descabellada y socialmente deplorable como es la de tenencia de material pornográfico pedófilo. Debido a su dificultad en superar la muerte de su esposa (bastantes años mayor qué él), a sus escasas habilidades sociales y a la repugnancia que genera en la sociedad este tipo de delitos, muy pronto Damien se encuentra solo, perdido y declarándose culpable sin comprender la razón.

Al estilo de la angustiosa y emocionante película danesa “La Caza” (nominada al Oscar a la mejor película en habla no inglesa), Postel nos va introduciendo con aparente sencillez no exenta de crueldad, en lo inexorable de los convencimientos colectivos, en una dramática situación en la que un golpe de suerte se convierte en la única salvación posible. Con estilo lingüístico impecable y una narración en ocasiones desoladora, el autor denuncia que intentar guardar distancias o tener sentimientos privados y especiales puede resultar enormemente sospechoso en una sociedad tolerante y abierta, pero tan propensa a la imposición de las propias opiniones y los prejuicios como la nuestra (que se agrava aún más si tenemos en cuenta el enorme poder que podemos alcanzar al convertirnos, cada uno de nosotros en un medio de comunicación gracias a las redes sociales, añadimos nosotros), a la vez que nos obliga a reflexionar sobre si es posible empezar de cero después de ser apartado al margen.

Por si se va la luz

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¿Quién no ha soñado alguna vez con escapar, con huir a un lugar recóndito en el que encontrar la senda sin que nadie pueda dar con uno? ¿Quién no ha tenido la fantasía de abandonarlo todo por vivir un amor auténtico, carnal y excluyente? Somos muchos, muchísimos lo que cerramos los ojos y sonreímos al imaginarlo, pero… ¿cuántos de nosotros hemos tenido en cuenta las verdaderas consecuencias de huir, de por fin protagonizar una escapada?

Por si se va la luz de Lara MorenoEsta es, básicamente, la base de la fantástica novela que os queremos recomendar en esta ocasión: “Por si se va la luz” escrita por la andaluza Lara Moreno y editada por Lumen. En ella Nadia y Martín lo abandonan todo sin mirar atrás, asqueados del ambiente cultural de la gran ciudad, de las estresantes exposiciones y los “saraos” literarios, tan divertidos como falsos e hirientes. Gracias a una organización menos inverosímil de lo que cabría pensar, encuentran un recóndito pueblo aislado de toda forma de civilización (salvo una furgoneta de gitanos que facilitan el trueque y algún contacto con el exterior) que cuenta con tres habitantes y un cerdo. En este renacimiento (consentido, aunque algo forzado para Nadia), asistimos a una terrible y esperanzadora lucha por la supervivencia, en la que todo adquiere un nuevo valor, la soledad, la tensión y la violencia se cruzan de cerca con la solidaridad, y en la que la mayor de las dificultades no es tanto la incierta comida del día siguiente, como la necesidad de permanecer cuerdo un día más.

Empieza a faltar comida. Hace muchísimo frío. Mientras me conservo aquí dentro, abriendo los ojos al mediodía, con los músculos contraídos, y paso el tiempo sufriendo o siendo consciente de que tengo que dejar de sufrir, siento que aún no hemos llegado, que estamos de vacaciones, que no me he despedido de todos y he aceptado la proposición de repoblar este lugar vacío. Él sabe que yo habría preferido aguantar allí hasta el final, e intenta alimentar cada residuo de energía que contienen mis células. Por eso me ha traído aquí, porque está convencido de que la vida puede comenzar de nuevo.

A través de las páginas de la novela, vamos escuchando una a una las voces de casi todos los habitantes del pueblo y vamos conociendo así su mundo mínimo, concentrado, pero que, en tantas ocasiones, se convierte en el reflejo de todos los mundos posibles. El viejo Damián, duro como una roca cada vez más agrietada, encantado porque comienza a darse cuenta de que pronto se reunirá con su añorada Maruja; la sabia y repugnante Elena, capaz de actuar de curandera, pero incapaz de querer a alguien más que a su puerco; el hastiado y descreído Enrique, dueño del bar y de una buena cantidad de libros, único refugio para la perdida Nadia.

Con un estilo literario rico, personal y moderno, aunque sin estridencias, cortante, rudo, pero de un enorme valor poético, Lara Moreno ha conseguido sorprendernos con esta novela-bofetada en la que, camuflado de visión apocalíptica, podemos encontrar un enorme grito de esperanza, una invitación a buscar el nuevo y propio camino, se encuentre este en el fin del mundo o en la vuelta de la esquina… en definitiva, a abandonar la isla en la que nos hemos convertido.

Operación Dulce

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Cuando un escritor desarrolla una carrera literaria que poco a poco se va aproximando a una visión más positiva del mundo, aunque no pierda nada de su intensidad, para sus seguidores no resulta fácil acompañarlo en ese camino sin que ello les haga rechinar los dientes. Operación Dulce de Ian McEwanPodríamos decir que eso les ha sucedido a aquellos seguidores del Ian McEwan de la primera época, mucho más negra y despiadada. Pero si somos capaces de seguir disfrutando de la maravillosa escritura del autor británico y de sus entrincadas composiciones desde un punto de vista más optimista, más humano, entonces seremos capaces de disfrutar a rabiar con “Operación Dulce“, la última novela del autor de “Amsterdam” o “Chesil Beach“, editada, como todas las anteriores, por Anagrama.

Realmente la historia arranca con un planteamiento que podría hacernos dudar (al menos a aquellos que no amamos las novelas de espías) sobre si hemos elegido la novela adecuada, pero que página a página va mejorando: en el Londres de los años setenta, una joven estudiante, Serena Frome, lectora de una voracidad increíble y redactora amateur de reseñas literarias en pequeñas revistas estudiantiles, se enamora de un maduro profesor de literatura que cree en su talento. Este amor, breve pero intenso, acabará convirtiéndose en la puerta de entrada de Serena en el MI5, los servicios de inteligencia británicos, si bien como mera administrativa. Serena es tan hermosa y dulce que, a pesar de su inseguridad, será designada la agente encargada, en plena Guerra Fría, de llevar a cabo la “Operación Dulce”: deberá conseguir acercar a librepensadores y escritores rebeldes a las aguas más manejables de los valores occidentales.

Así conocerá a Tom Haley, un escritor con mucha proyección (¿el propio McEwan?), con quien vive una aventura romántica, pero también literaria, que convierte definitivamente la novela en una obra excepcional, cargada de mentiras, amor y de los relatos que nos sumergen por momentos en pequeñas historias (alguna de ellas magnífica por sí sola), en una suerte de juego metaliterario construido con maestría por su autor.

Una gran novela (otra) de McEwan, escrita con su peculiar aparente sencillez, pero con un enorme virtuosismo y sabiduría literaria que, en ocasiones, nos hace casi olvidarnos de la trama para disfrutar de la narración. 

Del color de la leche

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Durante estos días en los que en Taiga hemos estado muy pendientes de que todos los niños comenzaran el curso con sus libros correctamente adquiridos, nos ha dado tiempo a ir leyendo las novedades que las editoriales presentaron en tromba una vez acabado el verano. No todas, por supuesto: para ello deberíamos ser como el Sargento Enrigth, de la serie de televisión de los años setenta titulada “Macmillan y esposa“, que era capaz de leer un libro de mil páginas en dos segundos… (¿qué? ¡todos tenemos recuerdos raros de la infancia!).

Nos hemos encontrado con buenas novelas de autores consagrados, con recuperaciones acertadas (y alguna no tanto) de obras clásicas, con pasteles melosos, aunque realmente emocionantes… pero también (y esto es lo que más nos interesa como libreros ávidos de descubrir joyas para nuestros lectores) con obras de jóvenes escritores osados que intentan (y en algunas ocasiones consiguen) abrir nuevas vías para la supervivencia de la novela. A ellos vamos a dedicar algunas de nuestras próximas recomendaciones.

Del-color-de-la-lecheEl que queremos acercaros hoy es el impactante “Del color de la leche” de la inglesa Nell Leyshon que edita una de nuestras editoriales favoritas: Sexto Piso. Se trata de una original y cruda novela que se desarrolla hacia 1830 en una granja de algún lugar de la Inglaterra rural, en la que Mary, una niña coja de quince años, pero enormemente fuerte y valiente, con el pelo del color de la leche y condenada a llevar una vida de hambre, trabajo agotador y miseria, consigue escapar de su destino cuando su padre decide que irá a vivir y a trabajar a la casa del venerable vicario y su esposa.

Una huida que pronto se nos revela como una nueva prisión, más árida si cabe, en la que Mary no puede compartir todo lo que le sucede con la única persona a la que ha amado en algún momento de su vida y que, a pesar de ser ya un ser inútil para la dura vida en la granja, se preocupa por ella desde que nació: su anciano y enfermo abuelo. En casa del vicario Mary conseguirá lo único realmente ha deseado toda su vida: aprender a leer. Pero esto tendrá un precio demasiado alto.

La obra es aún más poderosa porque la autora cede la voz a la propia protagonista, quien cuenta su historia dirigiéndose a alguien (que podemos imaginar quién es), con un lenguaje recién adquirido, y por tanto sencillo, hasta resultar infantil, dedicando un esfuerzo enorme a contar la verdad de lo que sucedió, pero sin apresurarse para que no queden dudas sobre nada:

éste es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano.
ahora es el año del señor de mil ochocientos treinta y uno y sigo sentada al lado de mi ventana y sigo escribiendo mi libro.
veo mi propia cara en el cristal de la ventana, mi pelo y mi piel son pálidos.
estoy inclinada y mi tintero está enfrente de mí y hay un montón de papeles a mi izquierda.
y tú sabes cómo he tenido que aprender cada letra que ahora estoy escribiendo.
no me gusta contarte todo esto. hay cosas que no quiero decir.
pero me he dicho que te contaría todo lo que ha pasado. he dicho que lo diría todo y por eso tengo que decirlo.

Es muy posible que al terminar de leer esta joya tengáis que abrir la ventana para tomar aire, porque la novela no da respiro, pero os aseguramos que no os arrepentiréis de haber recorrido el paraíso y el infierno de Mary, “del cual no podemos y no queremos salir siendo el mismo lector” como dice en el acertado prólogo la escritora mexicana Valeria Luiselli (autora de la genial “Los ingrávidos“).

Una biblioteca de verano

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Los libreros tenemos la suerte (aunque en ocasiones nos parezca desgracia) de movernos entre miles de títulos de libros que, en muchas ocasiones nos pasan desapercibidos por no ser una apuesta de la editorial, por tratarse de una excesivamente pequeña o, sencillamente, por un diseño incorrecto de colección o cubierta. Como la mayoría somos conscientes de que eso sucede, nos valemos de muchos medios para descubrir títulos interesantes entre “los demasiados libros”: las revistas especializadas, los blogs o páginas de recomendaciones en Internet, el entusiasmo de algún compañero…

Una Biblioteca de Verano

Pero en algunas ocasiones nos sucede que un lector se acerca a la librería para pedir varios ejemplares de un libro y explica, algo azorado, que le ha gustado tanto que los quiere para regalar a las personas que estima. Entonces, casi automáticamente, se salta un resorte en la mente del librero y corre a la estantería a ver si el cliente ha dejado un ejemplar para llevárselo a casa y comenzar a leerlo esa misma noche.

Eso es exactamente lo que nos sucedió en Taiga con el libro que queremos recomendaros hoy, una pequeña joya titulada “Una biblioteca de verano” de la norteamericana Mary Ann Clark Bremer, editado por Periférica. Siempre estaremos agradecidos a ese lector impenitente que, sin exaltaciones, nos metió en el cuerpo el gusanillo de leer esta delicia que hace ya un montón de meses nos había pasado desapercibida.

La trama, que se plantea prácticamente en la primera página, es poco más que una excusa para que la autora haga memoria. Lo hace de un modo poético, bello, apoyándose en una de las pasiones que condicionaron su vida, si no llegó a hacerse verdadera dueña de ella: la literatura. Tras la muerte de sus padres en el hundimiento del barco en el que viajaban por parte de un submarino alemán durante la II Segunda Guerra Mundial en la que resultó gravemente herida, y el fallecimiento de su amado tío Marcel en la casa que tanto amó, una jovencísima y convaleciente Mary Ann se plantea abrir la magnífica biblioteca de su tío al público y difundir así la cultura entre la población devastada por la guerra. Comienza entonces el verano en el que se desarrolla la nouvelle, el tiempo en el que fue bibliotecaria, que tiene como protagonista tanto a la propia autora como a los libros que la rodean.

Con una prosa muy hermosa (tanto como solo saben serlo las cosas sencillas) esta mujer que se sentía «una mujer Rimbaud, hermana de sangre del poeta», nos muestra los fragmentos de las obras que le enamoran, ejerce el “deporte nacional” de bibliotecarios y libreros que consiste en unir lectores y libros (con las sorpresas a menudo tan gratificantes), y nos habla del cariño eterno que en ella provocaba su tío Marcel, quien le aconsejaba, entre lectura y lectura, salir a jugar con otras niñas para no convertirse en una persona solitaria:

«Paseé hasta las cruces de las colinas -¿no se leía en una de ellas: “Templanza, misericordia, esperanza” en gastados caracteres latinos?- y hablé en voz alta con mi tío, -si es que las primeras cigarras, su ronroneo, “podían” ser mi tío también-.»

Un libro capaz de marcar el alma de los amantes de la literatura y los libros, un placer breve, pero intenso que no os debéis perder.

El salón magenta

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El salón magenta de Mário de CarvalhoEl «suceso» había sido un atraco con un estúpido cuchillo de cocina, un precipitado baile de piernas y golpes brillantes y certeros, pero bien podía haberse tratado de un extraño ataque de cualquier enfermedad o una pérdida visual duradera… poco importaba la razón que había obligado a Gustavo a realizar un parón en su vida y comenzar así una revisión de sus amores, de sus relaciones, de su arte.

Prestigioso director de cine (aunque poco diga a los demás, siempre le gustó decirse “cineasta”) convencido de su falta de talento, amante inestable e irreal, Gustavo pasa los días de convalecencia junto a su hermana Marta, una mujer débil, inocente y autoengañada, a quien no deja de tratar de un modo algo brusco y agitado, recordando las razones y los días, entre otros, en los que amó desesperadamente a la cruel Maria Alfreda en un salón «de tonos magenta  cortados por rojos y negros repentinos», o en los que sintió obligado por Cristina a bailar una insensata danza de juego y adulterio.

Mário de Carvalho, con “El salón magenta” nos propone una visión enormemente crítica del mundo artístico portugués (¿hay alguna diferencia con el nuestro?), superpoblada de personas de alto nivel cultural, pero con enormes dificultades para las relaciones sanas con sus iguales. Una visión profundamente cargada de ironía, casi tragicómica sobre el fracaso, tanto el amoroso como el personal, el desencuentro y la mentira. Con esta novela Mário de Carvalho, convertido en unos de los mejores escritores portugueses de la actualidad, obtuvo, por segunda vez, el Premio Fernando Namora en el año 2008.

Una excelente aunque nada sencilla novela, escrita con lenguaje muy depurado y cuidado que proporcionará a los lectores más exigentes motivos para seguir creyendo. ¿Quién dijo que en verano solo pueden leerse libros sin sustancia?

El Gran Gatsby

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gran gatsbySeguramente habrá personas que se hayan acercado por primera vez a la genial novela de F. Scott Fitzgerald gracias a la adaptación que de ella hace la discutible película del australiano Buz Luhrmann que se presentó en la pasada edición del Festival de Cine de Cannes, pero para este librero, se trata de una revisión del personaje y la época basada más en un altísimo presupuesto, una gran parafernalia y unos fuegos artificiales completamente impropios, que en la fuerza emocional del relato del genio estadounidense. Esa posiblemente sea una de las poquísimass cosas que debemos agradecer a la película. 

Pero si hablamos de adaptaciones de este clásico, en Taiga nos decantamos, sin ningún lugar a dudas, por la que el ilustrador catalán Ignasi Blanch ha realizado para la siempre atractiva editorial Nórdica Libros. En esta versión (que cuenta también con una nueva traducción bastante más cercana que las anteriores), las ilustraciones, muy numerosas por cierto, guardan el espíritu evocador de la novela publicada por primera vez en el año 1925, sin perder a pesar de ello nórdnada de la original mezcla entre ingenuidad y oscuridad que caracteriza la obra de Blanch.

La historia de “El Gran Gatsby” es bastante conocida: en los años 20 del pasado siglo la fiesta, el jazz y el desenfreno funcionan como una especie de venda en los ojos ante la enorme debacle que se aproxima. Nick Carraway, proveniente del Medio Oeste, llega a Nueva York en la primavera de 1922, en una época loca y feliz en la que la Bolsa no deja de subir y buscando su propio sueño americano, conoce a su vecino, Jay Gatsbyun joven y misterioso millonario, muy popular por sus impresionantes fiestas. Al otro lado de la bahía viven Daisy y su mujeriego marido, Tom Buchanan. El joven Nick se verá inmerso en el mundo cautivador de los millonarios, sus ilusiones, amores y engaños.

Considerada como una de las mejores novelas escritas en los Estados Unidos en el siglo pasado, incluso por su propio autor, “El Gran Gatsby” a la que es recomendable acercarse cada cierto tiempo, porque, como dijo Harold Bloom, “cada vez que lo hacemos sentiremos un renovado placer”. Esta es una buenísima oportunidad.