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Hace ya unos días que andábamos dándole vueltas a la cabeza sobre qué libro recomendar en el blog ahora que llega el verano y que muchos lectores buscan alguna lectura refrescante y poco seria que meter en su maleta de viaje. No nos decidíamos por ningún título porque, como sabéis, no somos especialmente dados a recomendar obras de entretenimiento ligeras y “olvidables”. Más bien al contrario, los libros que os estamos acercando por medio de este blog son lecturas con mucha fuerza, capaces de remover nuestras entrañas en cada una de sus páginas.

Y en esas estábamos cuando recordamos un libro que ya habíamos leído hace muchos años (¿verdad Almudena?), pero que, por suerte, acaba de ser recuperado por Los Libros del Asteroide (con una nueva y muy cuidada traducción) y que ya entonces nos dejó emocionados; una novela escrita en 1968 y que es todo un clásico en Brasil (donde ha vendido millones de ejemplares y es prescrito en los institutos de enseñanza obligatoria) que ha sido adaptada para el cine y la televisión: se trata de “Mi planta de naranja-lima” de José Mauro de Vasconcelos.

El libro es la visión del mundo vitalista y mágica de Zezé, un niño de cinco años criado en un barrio pobre de Rio de Janeiro, donde la cruda realidad convive con la imaginación y la inocencia. Zezé se considera un niño malo porque constantemente está ideando nuevas travesuras (cree que en Nochebuena no tiene regalos porque en su casa no nace el niño Jesús, sino el Diablo), lo que una y otra vez le acarrea enormes problemas (y enormes palizas). Por ello, siempre que puede se refugia en Minguito, su planta de naranja-lima, su única y verdadera compañera de fatigas. Pero Zezé, sin saberlo, es un ser con un corazón inmenso, capaz de quebrarnos con sus gestos e ilusiones, una especie de mezcla de Marcelino (el del pan y el vino), pero sin su mojigatería y Pipi Calzaslargas).

En definitiva, un libro muy hermoso; las memorias de su autor convertidas en una historia conmovedora, escrita con una sencillez estilística y una sensibilidad apabullantes que nos hará reflexionar sobre la necesidad de afecto que tenemos en la infancia y que es capaz de apasionar a lectores de todas las edades, desde los 12 años hasta los 100 (y más allá).

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