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La Buena Novela de Laurence CosséEs rigurosamente cierto que cuando los libreros nos enteramos de que una novela se desarrolla en torno a una librería o sus libreros, sentimos en el cuerpo una sensación parecida al Síndrome de Stendhal, antes incluso de recibir el libro. Pero si al terminar su lectura ese síndrome no solo no desaparece, sino que continúa acelerándonos el corazón y dándonos ganas de brindar con su autora y con el responsable de su publicación (como dice nuestro compañero Pedro de Librería Hipérbole de Ibiza) por el futuro de las librerías, es que se trata de un gran libro que debemos recomendar a nuestros amigos.

Este es el caso de “La Buena Novela“, de la francesa Laurence Cossé y editada (magníficamente) por Impedimenta. En ella no solo encontraremos entre sus personajes principales a los libreros, sino que en ella se hace realidad el sueño de todos los libreros (y libreras, por supuesto) que lo somos debido a nuestra pasión por la lectura; como solemos llamar en el gremio, libreros  de raza: el proceso de montaje y desarrollo de la mejor librería de todos los tiempos, una librería en la que solo se vendan las mejores novelas de la historia de la literatura. Nada de best-sellers ni de novelas que lees y olvidas en el mismo instante en el que cierras su última página; solamente obras maestras que nos hagan sentir, sufrir y disfrutar,

Libros necesarios, libros que leer al día siguiente de un entierro, cuando has llorado tanto que ya no te quedan lágrimas, que ya no te mantienes en pie, calcinado como estás por el dolor; libros que aguarden ahí, atentos y pacientes como seres queridos, cuando has ordenado la habitación del hijo muerto, copiado sus escritos íntimos (…), libros para las noches en las que, pese al agotamiento, no puedes dormir y querrías simplemente librarte de esas visiones obsesivas; libros que estén a la altura…

Van, un librero con un pasado vivido y algo incierto y Francesca, una aristócrata apasionada por la literatura son quienes se lanzan a la aventura soñada de crear esa librería, y quienes solicitan la ayuda de un comité secreto compuesto por ocho escritores de fama y prestigio para elaborar la lista de títulos con la que abrir al público este oasis de cultura. Pero, como sucede en la vida, las cosas maravillosas nunca pueden salir del todo bien, debido a la envidia y la maldad de la condición humana; la de quienes se sienten excluidos y desean que nada prospere sin ellos (¿no os suena?), la de quienes amparándose en una idea falsamente igualitaria van metiendo cizaña para que la librería deje de existir.

No vamos a desvelar el final porque, además de hablar de bibliofilia, amor y amistad, la novela guarda su pequeño toque de misterio. La novela es una magnífica manera no solo para acercarse a obras maestras no demasiado conocidas que vamos encontrando por sus páginas (importante no olvidar el papel y el lápiz al lado para apuntarlas, aunque algunas de ellas estén descatalogadas y, por tanto, inencontrables), sino también para conocer el proceso por el que, de un modo u otro, todos los que nos dedicamos al arte de vender libros hemos debido pasar en algún momento.

Nuestra librería no es La Buena Novela, ni mucho menos, pero aspiramos a que en Taiga os encontréis tan a gusto como sea posible y que os dejéis llevar por las historias que halléis en los libros que hojeéis, aunque os tengamos que recordar la hora de cierre. Eso querrá decir que hemos conseguido lo que buscábamos.

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