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La mayoría de las ocasiones en las que el autor de un libro nos lleva a un episodio pasado de su vida, a un recuerdo que se abre paso en el presente, lo hace con el filtro del tiempo, con las muescas que en ese recuerdo han ido dejando los días y los hechos posteriores. En muy pocas ocasiones (más aún si se trata de un hecho autobiográfico) encontramos que este ha permanecido puro e intacto en la memoria de su autor y se nos acerca con la misma pasión y la misma llama que ardió en el pasado.

hace cuarenta añosEn una obra tan breve como poderosa, Maria Van Rysselberghe comienza rememorando la Casa de la Duna, lugar situado en las playas del Mar del Norte, en donde fue posible este amor puro que se va construyendo a sí mismo, sin necesidad de consumación, como un sueño intenso en el que los amantes no sufren, sino que se sienten dichosos y protegidos a sabiendas de que todo terminará muy pronto.

Hace Cuarenta Años“, Maria vivió durante un mes esta historia de amor que guardaría en un lugar privilegiado durante toda su vida, aunque sin que esta lleguase a dominarla, como aclara ella misma. La casa de la duna, donde veraneaban Maria y su marido el pintor Theo van Rysselberghe, es testigo de este amor fruto de la casualidad: Theo debe partir, Hubert (amigo de la pareja, también felizmente casado) necesita pasar unos días junto al mar y su esposa no puede acompañarle. Unidos por la pasión por el arte y la literatura ambos se abandonan a una fascinación emocional, a una exaltación amorosa y una entrega, lo cual nos es narrado de un modo tan delicado y con una belleza tan emotiva que consigue llegar al corazón de aquellos lectores que sepan abandonarse a la buena literatura.

Los detalles sobre quién fue Hubert o cómo Theo vivió esta historia, son conocidos, pero la verdad, poco nos importan a nosotros. Lo que realmente nos interesa es la preciosa edición de Errata Naturae, el exquisito epílogo de Natalia Zarco (librera, aunque parezca mentira) y la delicadísima traducción de Regina López que nos ayudan y mucho, a que podamos disfrutar de esta hermosa, singular, breve, pero intensa novela.

Maria van Rysselberghe retratada por su marido Theo en 19097

Maria van Rysselberghe retratada por su marido Theo en 1907

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