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gran gatsbySeguramente habrá personas que se hayan acercado por primera vez a la genial novela de F. Scott Fitzgerald gracias a la adaptación que de ella hace la discutible película del australiano Buz Luhrmann que se presentó en la pasada edición del Festival de Cine de Cannes, pero para este librero, se trata de una revisión del personaje y la época basada más en un altísimo presupuesto, una gran parafernalia y unos fuegos artificiales completamente impropios, que en la fuerza emocional del relato del genio estadounidense. Esa posiblemente sea una de las poquísimass cosas que debemos agradecer a la película. 

Pero si hablamos de adaptaciones de este clásico, en Taiga nos decantamos, sin ningún lugar a dudas, por la que el ilustrador catalán Ignasi Blanch ha realizado para la siempre atractiva editorial Nórdica Libros. En esta versión (que cuenta también con una nueva traducción bastante más cercana que las anteriores), las ilustraciones, muy numerosas por cierto, guardan el espíritu evocador de la novela publicada por primera vez en el año 1925, sin perder a pesar de ello nórdnada de la original mezcla entre ingenuidad y oscuridad que caracteriza la obra de Blanch.

La historia de “El Gran Gatsby” es bastante conocida: en los años 20 del pasado siglo la fiesta, el jazz y el desenfreno funcionan como una especie de venda en los ojos ante la enorme debacle que se aproxima. Nick Carraway, proveniente del Medio Oeste, llega a Nueva York en la primavera de 1922, en una época loca y feliz en la que la Bolsa no deja de subir y buscando su propio sueño americano, conoce a su vecino, Jay Gatsbyun joven y misterioso millonario, muy popular por sus impresionantes fiestas. Al otro lado de la bahía viven Daisy y su mujeriego marido, Tom Buchanan. El joven Nick se verá inmerso en el mundo cautivador de los millonarios, sus ilusiones, amores y engaños.

Considerada como una de las mejores novelas escritas en los Estados Unidos en el siglo pasado, incluso por su propio autor, “El Gran Gatsby” a la que es recomendable acercarse cada cierto tiempo, porque, como dijo Harold Bloom, “cada vez que lo hacemos sentiremos un renovado placer”. Esta es una buenísima oportunidad.

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