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Los libreros tenemos la suerte (aunque en ocasiones nos parezca desgracia) de movernos entre miles de títulos de libros que, en muchas ocasiones nos pasan desapercibidos por no ser una apuesta de la editorial, por tratarse de una excesivamente pequeña o, sencillamente, por un diseño incorrecto de colección o cubierta. Como la mayoría somos conscientes de que eso sucede, nos valemos de muchos medios para descubrir títulos interesantes entre “los demasiados libros”: las revistas especializadas, los blogs o páginas de recomendaciones en Internet, el entusiasmo de algún compañero…

Una Biblioteca de Verano

Pero en algunas ocasiones nos sucede que un lector se acerca a la librería para pedir varios ejemplares de un libro y explica, algo azorado, que le ha gustado tanto que los quiere para regalar a las personas que estima. Entonces, casi automáticamente, se salta un resorte en la mente del librero y corre a la estantería a ver si el cliente ha dejado un ejemplar para llevárselo a casa y comenzar a leerlo esa misma noche.

Eso es exactamente lo que nos sucedió en Taiga con el libro que queremos recomendaros hoy, una pequeña joya titulada “Una biblioteca de verano” de la norteamericana Mary Ann Clark Bremer, editado por Periférica. Siempre estaremos agradecidos a ese lector impenitente que, sin exaltaciones, nos metió en el cuerpo el gusanillo de leer esta delicia que hace ya un montón de meses nos había pasado desapercibida.

La trama, que se plantea prácticamente en la primera página, es poco más que una excusa para que la autora haga memoria. Lo hace de un modo poético, bello, apoyándose en una de las pasiones que condicionaron su vida, si no llegó a hacerse verdadera dueña de ella: la literatura. Tras la muerte de sus padres en el hundimiento del barco en el que viajaban por parte de un submarino alemán durante la II Segunda Guerra Mundial en la que resultó gravemente herida, y el fallecimiento de su amado tío Marcel en la casa que tanto amó, una jovencísima y convaleciente Mary Ann se plantea abrir la magnífica biblioteca de su tío al público y difundir así la cultura entre la población devastada por la guerra. Comienza entonces el verano en el que se desarrolla la nouvelle, el tiempo en el que fue bibliotecaria, que tiene como protagonista tanto a la propia autora como a los libros que la rodean.

Con una prosa muy hermosa (tanto como solo saben serlo las cosas sencillas) esta mujer que se sentía «una mujer Rimbaud, hermana de sangre del poeta», nos muestra los fragmentos de las obras que le enamoran, ejerce el “deporte nacional” de bibliotecarios y libreros que consiste en unir lectores y libros (con las sorpresas a menudo tan gratificantes), y nos habla del cariño eterno que en ella provocaba su tío Marcel, quien le aconsejaba, entre lectura y lectura, salir a jugar con otras niñas para no convertirse en una persona solitaria:

«Paseé hasta las cruces de las colinas -¿no se leía en una de ellas: “Templanza, misericordia, esperanza” en gastados caracteres latinos?- y hablé en voz alta con mi tío, -si es que las primeras cigarras, su ronroneo, “podían” ser mi tío también-.»

Un libro capaz de marcar el alma de los amantes de la literatura y los libros, un placer breve, pero intenso que no os debéis perder.

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