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una madreEntrar en el mundo de “Una madre” es bastante sencillo. Desde el momento en el que abres el libro y comienzas su lectura, sientes que llamas al timbre de una casa que se parece poco y demasiado a la tuya. Puedes ver la silla en la que te sentarás esta Nochevieja y la cara de la madre que desea que, esta vez sí, transcurra la cena ideal que ella ha imaginado. Y es lo que buscas: tener, quizá por primera vez, una hermosa y tranquila experiencia con la familia de Amalia, con tu familia. Notas cómo la hora de la cena se va acercando y los invitados, la familia va llegando y apenas sucede nada. Pero sabes que todo está sucediendo a una velocidad vertiginosa. Notas cómo la mano de alguien, la de Alejandro Palomas supones, toma la tuya, la aprieta y su voz te susurra palabras tranquilizadoras, invitándote a vivir, a sentirte vivo.

Y ni siquiera te has dado cuenta de que la novela va avanzando, de que conoces a Amalia, la madre (una madre) mucho mejor de lo que ella misma se conoció nunca: su humor casi absurdo, su terror al silencio y el profundo amor (protectora en exceso, pero ¿qué madre no lo es?) que siente por sus hijos y por casi todo el mundo llenándola de alegría, pero también de miedos. Con ella compartes la soledad aplastante de Fer (el narrador de la historia), al que deseas ayudar a remontar tras la desilusión del desamor. Te preocupas por Emma, por esa niña que vio cómo Sara, su gran amor, nunca llegó a su cita. Te enfadas con Silvia, esa pobre criatura dominante y obsesiva, tan frágil que en cualquier momento puede romperse. Y de repente llega Tío Eduardo, tarde como siempre, y ríes con él a carcajadas, aunque se le asome por el bolsillo de la chaqueta el enorme paquete de tristezas y soledades que trae con él. Y vuelves a enfadarte con la tonta de Olga, la nueva pareja de Emma que trata de mostrar su tremenda seguridad y su fortaleza en unos momentos en los que todo eso sobra. Y te emocionas, y lloras y ríes y despiertas. Y disfrutas enormemente de una cena tan temida, tan inevitable, tan intensa.

Cierras el libro y te preguntas cómo el autor de la novela, Alejandro Palomas, ha conseguido sin aparente esfuerzo que sintieras a todos los protagonistas de la novela tan cerca y que te creyeras, por un momento, un miembro más de esa familia tan distinta, pero tan tuya; que ya te consideraras un hijo más de Amalia o, quizá, la propia Amalia, su alma. Y comienzas a recomendar el libro en la librería, en las redes sociales, en el bar, en la biblioteca… lo recomiendas a todos aquellos que quieran sentir, emocionarse y vivir el amor (de nuevo o por primera vez; en ocasiones absurdo, pero siempre incondicional) de una madre.


Alejandro PalomasAlejandro Palomas (Barcelona, 1967) es licenciado en Filología Inglesa y Master in Poetics por el New College de San Francisco. Ha compaginado sus incursiones en el mundo del periodismo con la traducción de importantes autores. Entre otras, ha publicado las novelas El tiempo del corazón (publicada en Siruela y por la que fue nombrado Nuevo Talento Fnac), Tanta vida, El secreto de los Hoffman (finalista del Premio de Novela Ciudad de Torrevieja 2008 y adaptada al teatro en 2009), El alma del mundo (finalista del Premio Primavera 2011) y El tiempo que nos une. Su obra ha sido traducida a ocho lenguas.

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