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Hrabal

Igual que algunas veces me he enamorado de un libro por su sintaxis perfecta, su ritmo marcado y una historia coherente, otras veces lo que me ha fascinado es exactamente lo contrario, y no quiero decir que sea mejor ni peor, que quién soy yo para calificar de esa manera un libro, y quienes lo hagan seguramente tendrán que rendir cuentas a los lectores cuando ellos también se dejen seducir por su locura, la del auténtico monólogo: un estilo muy teatral, desde luego, pero mucho menos usado en la ficción para contar historias del pasado… para contar las andanzas de un viejo libertino como hace en “Clases de baile para mayores” el checo Bohumil Hrabal, el viejo bebedor con alma de crápula, que cantaba y bailaba cuando no escribía sus geniales novelas y que fue capaz de contar su vida sin realmente escribir una autobiografía, como hizo en “Bodas en casa“, en la que la protagonista era su esposa que lo protegió, lo ayudó y acarreó con todos los inconvenientes que provoca en quienes le rodean la vida de un escritor: meses sin ver un duro, horarios tan intempestivos que resulta imposible hacer el más mínimo plan, el prestigio social entre los vecinos que no hace más que bajar; no os vayáis a creer que la vida del escritor es fácil, menos aún si este bebe como toda la tripulación de un barco pirata… aunque habrá quién me diga «pues yo conozco a muchos escritores y son muy normales, como tú y como yo», a lo que yo suelo contestar «eso será porque no conoces a Hrabal», el autor checo que después de obtener cierto prestigio internacional fue represaliado por la Checoslovaquia comunista a pesar de lo cual nunca dejó de crear, incluso fue capaz, a pesar de las enormes dificultades, de escribir en esa época la que para mí fue su mejor obra y una novela que debe formar parte de la historia de la Literatura Universal como “Una soledad demasiado ruidosa“, y nunca dejó de mirar su país con los ojos de la memoria, siempre mirando a lo lejos para discernir parte de la bondad que él recordaba y del mundo que sabía ya perdido, amante como era de narrar pequeñas anécdotas que a lo mejor no le sucedieron, pero que mostraban con total sinceridad a su Chequia y sus gentes, con una genial capacidad para convertir en entrañables las historias que contaba, por muy terribles que nos parezcan vistas desde el siglo XXI, desde una sociedad saturada, pero insatisfecha, indignada, pero incapaz, o al menos esa es lo que este humilde librero cree que Hrabal pensaría si no hubiera muerto hace 18 años al caer de un quinto piso; que si se suicidó o no siempre ha sido una tema que a mí me ha parecido innecesario y lo verdaderamente importante fue la pérdida tan enorme que el hecho supuso para las letras checas y europeas, que ya no podrán contar con locuras tan fascinantes como esta “Clases de baile para mayores” que podemos leer gracias a Nórdica Libros; o quizá sí, que vaya usted a saber si existe por ahí, en algún rincón de este continente, un escritor que sea capaz de hacernos reír, sobrecogernos y contar historias tan sencillas como impactantes; pero, querido lector, hace rato que te escucho desde mi ordenador protestar porque no entiendes cómo se me ha ocurrido la locura de recomendar un libro de esta manera, a lo que, algo ufano lo reconozco, te contestaré que se trata, tan solo, de un humilde y pequeño homenaje al estilo que Hrabal usó en este magnífico libro para contarnos, como si nos hubiéramos encontrado con él en la barra de su cervecería favorita, la historia de su vida; pero sobre todo, ten en cuenta que si esta recomendación te ha gustado, aunque solo sea un poquito, el libro te apasionará.

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