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portada_la-vida-negociable_luis-landero-duran_201611171329Comenzamos esta recomendación, si se nos permite, parafraseando al poeta Jaime Gil de Biedmaque la vida era negociable, es algo que uno empieza a comprender más tarde.

Uno va aprendiendo que todo podría haber tenido un final distinto de haber sido más hábil a la hora de negociar y en ocasiones se arrepiente de no haberlo sabido antes. Pero cuando uno lo aprende de muy joven, aprende a diseñar su propia vida, a manejar a los demás a su antojo y valerse de sus debilidades para conseguir beneficio… cuando uno lo aprende desde muy joven, tiene todas las posibilidades de convertirse en un monstruo.

Esta es una de las bases de La vida negociable, la nueva novela del genial Luis Landero, editada por Tusquets Editores. En esta ocasión conoceremos a Hugo, un joven tímido y sencillo de un barrio madrileño, convertido en amo y señor de su madre por ser el guardián de su gran secreto. Hugo se da cuenta del tesoro que ha conseguido y aprende a negociar con él, sin tener en cuenta (cosas de la edad) las consecuencias que en todo su entorno puede generar una negociación desigual.  

El proceso que sigue Hugo para convertirse de adolescente peligrosamente poderoso en adulto megalómano e imprudente, se construye sobre sueños y constantes negociaciones con resultados desastrosos la mayoría de las veces. Todo ello, ayudado por su inesperado talento por la peluquería, tienta al protagonista a pensar en la existencia de un destino fatal e inamovible… pero solo lo tienta, porque Hugo, inasequible al desaliento, cree de veras que conseguirá todo lo que se proponga.

Una vez más, Landero obtiene un resultado fascinante con muy pocos ingredientes (los mismos que lleva utilizando desde que comenzó su carrera): su gran maestría narrativa, el humor, los sueños irrealizables y la supervivencia. En resumen, una novela que muestra la divertida tristeza que provoca la distancia entre fantasía y realidad. Landero es un genio de la narración costumbrista y en esta novela vuelve a demostrarlo.

Luis Landero

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