Así empieza lo malo

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En numerosas ocasiones, es recomendable (por no decir necesario) tener la sana costumbre de saber discernir entre la figura del escritor de la del personaje público que este proyecta. De no ser así, muchos lectores se perderían el placer de leer a ciertos escritores capaces de suscitar entre quienes permanecen atentos a sus regulares diatribas, la misma cantidad de amores que de odios.

Así empieza lo maloEste es el caso de Javier Marías, un creador permanentemente cabreado y ceñudo, capaz de rechazar premios importantes a la vez que se granjea la enemistad de un buen número de colegas por cualquiera de sus encendidas intervenciones en prensa, pero que, a la vez, es un grandísimo narrador, un maestro del lenguaje, uno de los más grandes de la literatura de nuestro país.

Así pues, descartadas las fobias y las filias por el personaje, pasamos a hablar de su última novela, que es, en nuestra humilde opinión, una de las mejores narraciones que se han publicado en nuestro país en este año: “Así empieza lo malo“, editada por Alfaguara, narra un momento crítico en la vida del director de cine de serie B Eduardo Muriel y su esposa Beatriz Noguera, visto a través de los ojos del joven Juan de Vere mientras vive y trabaja en la casa del matrimonio como traductor y documentalista de Muriel.

De Vere (o “De-Víah” a la inglesa o “De-Veg” a la francesa, según la graciosa y erudita broma del profesor Francisco Rico, el real Paco Rico, convertido en la novela en un divertido y sabio personaje) asiste sin proponérselo al incomprensible desprecio que Muriel siente por su esposa. Es la búsqueda de una explicación racional a tanta infelicidad lo que lo lleva a unas situaciones difíciles de justificar, pero clarificadoras hasta el dolor. Beatriz, quien ejerce una indudable influencia en el joven Juan, lucha por recuperar a Muriel, aunque luche de un modo impredecible y algo sucio. Acompañamos, pues, a Juan en una suerte de investigación sin ningún sentido, que sirve para reflexionar sobre una España posfranquista obsesionada por cerrar heridas y abandonarse a la corriente de una transición ganadora, pero tan fácil de seguir como de engañar.

Con un estilo que raya en la perfección, intencionadamente despojado de toda pasión (algo que suelen reprochar a Marías el tipo de lectores que buscan la emoción en un libro), el autor nos pasea por Madrid, por España, por sus desilusiones, sus secretos y sus mentiras, todo ello sin adoctrinarnos ni buscar el morbo de escandalosas revelaciones.

Y después de haber disfrutado tanto con esta novela, ¡ya podemos volver a criticar a Javier Marías!

Pietra viva

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Para un escritor con mucho oficio, novelar la vida de un personaje histórico es una tarea relativamente simple: el secreto radica en documentarse bien sobre el personaje escogido y, tomando los hechos más significativos de su vida, crear una trama entretenida e inusual. Pero lo que ya no resulta tan fácil (ni tan habitual) es que ese escritor decida tomar un pequeño detalle de la vida de ese personaje y recrearlo de un modo sencillo, sincero y bello, sin dejar de atrapar al lector desde sus primeras líneas.

Pietra vivaEsto es, ni más ni menos, lo que ha conseguido la joven violinista y escritora francesa Leonor de Recondo (quien por cierto estará en nuestro país la primera semana de noviembre) en su deliciosa novela “Pietra viva” que ha editado minúscula, una de esas editoriales que, sin rubor lo confesamos, nos han conquistado convirtiéndose en nuestras favoritas. Si alguien se acerca a este libro sin conocer a su autora, podrá pensar que, al tratar de la vida del famosísimo escultor Michelangelo Buonarrotti, se halla ante una obra magna que trate de recorrer toda su vida y su obra, pero nada más comenzar su lectura se dará cuenta de que en la novela no encontraremos más que un episodio en la vida del famosísimo escultor tan breve como intenso.

La búsqueda del mármol perfecto para la tumba del Papa Julio II en las canteras de Carrara (Toscana) tras la pérdida del ser más hermoso que conoció en su vida, el bello monje Andrea, hacia el año 1505, es el punto de partida para que el huraño escultor sienta de un modo intenso la enorme misantropía que domina su vida, pero al mismo tiempo descubra que es capaz de experimentar unos sentimientos que creía vetados para él. Cierta admiración por la vida rústica y dura de los picapedreros, una desconcertante ternura por un niño algo molesto y cargante y un sentimiento muy parecido a la amistad que surge hacia un ser humano (o quizá no), Cavallino, descoloca al artista y lo devuelve a la felicidad de «poner finalmente el cincel sobre el bloque y volver de nuevo a esculpir, hallarse en lo más vivo de la piedra, en lo más vivo de la carne».

Una hermosa novela, una historia mínima (o no tanto) sobre un personaje enorme, que sabía extraer las figuras encerradas en la piedra y que necesitaba crear para estar vivo. Un disfrute.

leonorLeonor de Recondo (1976) es violinista. Después de asistir al Conservatorio de Música de Nueva Inglaterra, con sede en Boston (1994-1997), empieza a dedicarse a la música de cámara y se interesa por los maestros del barroco, cuyo repertorio estudió en el Conservatorio de Bruselas. Posteriormente toca con los más prestigiosos conjuntos barrocos franceses (Les Talens Lyriques, Le Concert d’Astrée, Les Musiciens du Louvre, Le Concert Spirituel, Les Folies Françoises) y dirige la ópera de Purcell Didon et Enée en la Opéra national de Montpellier (2009). En 2005 fundó con el tenor Cyril Auvity el conjunto barroco L’Yriade. Además de Pietra viva, ha publicado La Grâce du cyprès blanc (2010), ambientado en Grecia, y Rêves oubliés (2012), sobre el exilio vasco de 1939, que recibió el Prix littéraire des lycéens et apprentis de Bourgogne en 2013.

Canciones de amor a quemarropa

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Canciones de amor a quemarropaLlevábamos semanas esperando la publicación de esta novela para poder por fin recomendárosla, porque ha sido una de las lecturas que han convertido nuestro verano en un periodo aún más placentero (sí, pudimos leerlo en verano… ser librero conlleva algún pequeño privilegio). Compartir momentos tan especiales, pero a la vez tan cercanos y reales con Henry, Beth, Lee y los demás se convierte en todo un lujo si amas, como nosotros, las historias sencillas, profundas y vivas que hablan del amor y la amistad verdaderos.

Canciones de amor a quemarropa“, del estadounidense Nickolas Butler y editada por Libros del Asteroide es una original novela que toca al lector en todos sus valores y que hace que se tambaleen sus ideas preconcebidas sobre el éxito, la locura, la pasión o la mentira. Nos lleva al norte de los Estados Unidos, a la congelada y amable Wisconsin, para presentarnos (o mejor dicho, dejar que ellos mismos se presenten) a un grupo de amigos de infancia que han seguido distintos caminos, con mayor o menor éxito, pero que en un momento de su vida sienten la necesidad del retorno al lugar donde fueron felices, en el que esperan encontrar su paraíso perdido, su lugar en el mundo.

Henry, el que nunca se movió de su pueblo, que ni siquiera fue capaz de romper con la granja que su padre cuidó toda su vida y que, aparentemente, lleva la existencia menos interesante de todos; Beth, su esposa, hermosa y abnegada a quien parece que le han arrebatado sus ambiciones; Lee, el músico enfermo del demasiado éxito, pero con unas raíces tan profundas como sus problemas con el alcohol; Kip, el broker incapaz de tomar una buena decisión; Ronny, el poderoso atleta, profesional del rodeo, pero incapaz de manejar su vida sin ayuda… Todos ellos van tomando la palabra para contarnos su reencuentro, su enfrentamiento con el pasado o lo que queda de él, creando así una narración que poco a poco se va convirtiendo en un encendido elogio a la amistad. Pero, ¿es que puede haber algo más importante?

Un acierto más de Libros del Asteroide acercarnos esta novela. Como dice Pere, un querido compañero librero de Barcelona “si es azul y tiene un asterisco en la portada, cómpralo porque no te vas a arrepentir”.

Si quieres conocer algo sobre el autor, puedes ver el siguiente vídeo (está en inglés)

La buena reputación

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La buena reputación de Ignacio Martínez de PisónSe nos nota en la cara, ¿verdad? Sí, ¡nos vamos de vacaciones! La librería de Gregorio Ramírez, 2 (la de siempre) cierra desde el 4 hasta el 17 de agosto. Pero no queríamos marcharnos sin dejaros una nueva recomendación en el blog: una novela que pueda acompañaros a donde quiera que la situación económica os permita ir. Se trata de “La buena reputación” una novela escrita por Ignacio Martínez de Pisón y editada por Seix Barral. En ella el autor nos invita a conocer a una familia peculiar, pero auténtica y real, con la que en innumerables ocasiones nos sentiremos identificados.

La buena reputación” narra el camino que la familia formada por SamuelMercedes está obligada a tomar al dar el régimen franquista por finiquitado el Protectorado español de Marruecos. Samuel es un exitoso empresario judío muy criticado entre los miembros de su comunidad por su relajación al atender las costumbres y los deberes que impone la Torá. Mercedes es una gentil tolerante cuyo casi único objetivo es formar una familia y ser feliz cuidando de ella. Melilla es la ciudad aislada, pero avanzada donde residen cómodamente y sin percances junto a sus dos niñas, Miriam y Sara hasta que comienza a vislumbrarse el fin del Protectorado y con él la incertidumbre sobre el futuro de la ciudad de Melilla y los españoles que en ella viven.

Pronto esa incertidumbre arraiga en las vidas de los protagonistas que abandonan la ciudad para vivir en una Málaga mucho más tranquila y en pleno crecimiento. Pero lo que parecía ser un traslado para la vuelta a la tranquilidad resulta no ser tanto, ya que Samuel ha de quedarse en Melilla, aparentemente por cuestiones laborales. La desconfianza y el desasosiego pueden con Mercedes que decide marchar con sus hijas a Zaragoza a la espera de que Samuel pueda reunirse con ellas. Transcurren los años y son sus hijas, y más tarde sus nietos quienes van tomando el relevo de la historia convirtiéndose en protagonistas de un lugar y un tiempo que va evolucionando muy poco a poco (como evolucionó todo con la dictadura de Franco), pero de un modo irremediable.

Pero si algo destaca en la narración de este periplo familiar es la verdad de los personajes, tan auténticos y tan perfectamente construidos que cada uno de ellos se convierte en protagonista absoluto. La división de la novela en varios libros, cada uno de ellos perteneciente a uno de los personajes, hace que la narración fluya con mucha facilidad, pero consiguiendo captar toda nuestra atención. Si además añadimos la gran calidad literaria y el estilo personal de Pisón, tan pulcro y depurado que nos llega a recordar a los grandes narradores del siglo XIX, el resultado es este magnífico “novelón” que os ayudará a que disfrutéis un poquito más de vuestras vacaciones, si ello es posible. ¡Nos vemos a la vuelta!

Ignacio Martínez de Pisón

Ignacio Martínez de Pisón. (Foto: Culturamas)

Todo lo que hay

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Todo lo que hay de James SalterResulta muy difícil de comprender cómo alguien del talento narrativo de James Salter ha tardado más de treinta años en decidirse a publicar una nueva novela, tras las extraordinarias “Juego y distracción” o “Años luz” o el genial libro de memorias “Quemar los días” (todos ellos felizmente recién recuperados en nuestro país por la editorial Salamandra). Pero aún nos resulta más incomprensible que Salter no haya sido hasta ahora unánimemente considerado como uno de los escritores claves de la literatura estadounidense del siglo pasado. Hoy, a punto de cumplir 90 años, comienza a recoger el éxito del que debería haber disfrutado hace tanto tiempo.

Todo lo que hay”, la novela que os recomendamos en esta ocasión, narra la vida de Philip Bowman desde su participación con la Marina de los EEUU en la II Guerra Mundial, en aguas del Pacífico junto a las costas de Japón, hasta sus últimos días como estupendo aunque incompleto editor y furibundo perseguidor del amor eterno.

En la vida de Bowman podemos repasar todos los temas que han interesado (¿obsesionado?) a Salter a lo largo de su carrera: la guerra, la literatura, las mujeres, el sexo, la venganza, el amor, la traición… un auténtico inventario perfectamente narrado de las preocupaciones de un hombre normal, con bastante fortuna, en general, pero demasiado poca en las cosas que de verdad le importan: la suave e imparable decadencia de las relaciones amorosas.

Con ese estilo narrativo tan propio de los escritores norteamericanos de la segunda mitad del S.XX que aparenta sencillez, pero encierra una extraordinaria belleza y una escondida complejidad (pensamos en autores como Richard Yates, John Cheever o el felizmente redescubierto John Williams), acompañamos los días de Bowman, sus encuentros con unos personajes casi siempre reconocibles (sin caer nunca en aburridos estereotipos) y los motivos de un hombre seductor y fiel, pero capaz de cortarnos la respiración con decisiones duras y despiadadas.

Sería una pena que os perdiérais la última novela de James Salter, un escritor que consigue mostrarnos la misma realidad que hemos conocido infinidad de veces tanto en la literatura como en el cine (o en la vida misma, ¡qué demonios!), pero dotándola de verdades que la convierten en única.

James Salter, escritor. Primavera de 2005 en Nueva York.

Una madre

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una madreEntrar en el mundo de “Una madre” es bastante sencillo. Desde el momento en el que abres el libro y comienzas su lectura, sientes que llamas al timbre de una casa que se parece poco y demasiado a la tuya. Puedes ver la silla en la que te sentarás esta Nochevieja y la cara de la madre que desea que, esta vez sí, transcurra la cena ideal que ella ha imaginado. Y es lo que buscas: tener, quizá por primera vez, una hermosa y tranquila experiencia con la familia de Amalia, con tu familia. Notas cómo la hora de la cena se va acercando y los invitados, la familia va llegando y apenas sucede nada. Pero sabes que todo está sucediendo a una velocidad vertiginosa. Notas cómo la mano de alguien, la de Alejandro Palomas supones, toma la tuya, la aprieta y su voz te susurra palabras tranquilizadoras, invitándote a vivir, a sentirte vivo.

Y ni siquiera te has dado cuenta de que la novela va avanzando, de que conoces a Amalia, la madre (una madre) mucho mejor de lo que ella misma se conoció nunca: su humor casi absurdo, su terror al silencio y el profundo amor (protectora en exceso, pero ¿qué madre no lo es?) que siente por sus hijos y por casi todo el mundo llenándola de alegría, pero también de miedos. Con ella compartes la soledad aplastante de Fer (el narrador de la historia), al que deseas ayudar a remontar tras la desilusión del desamor. Te preocupas por Emma, por esa niña que vio cómo Sara, su gran amor, nunca llegó a su cita. Te enfadas con Silvia, esa pobre criatura dominante y obsesiva, tan frágil que en cualquier momento puede romperse. Y de repente llega Tío Eduardo, tarde como siempre, y ríes con él a carcajadas, aunque se le asome por el bolsillo de la chaqueta el enorme paquete de tristezas y soledades que trae con él. Y vuelves a enfadarte con la tonta de Olga, la nueva pareja de Emma que trata de mostrar su tremenda seguridad y su fortaleza en unos momentos en los que todo eso sobra. Y te emocionas, y lloras y ríes y despiertas. Y disfrutas enormemente de una cena tan temida, tan inevitable, tan intensa.

Cierras el libro y te preguntas cómo el autor de la novela, Alejandro Palomas, ha conseguido sin aparente esfuerzo que sintieras a todos los protagonistas de la novela tan cerca y que te creyeras, por un momento, un miembro más de esa familia tan distinta, pero tan tuya; que ya te consideraras un hijo más de Amalia o, quizá, la propia Amalia, su alma. Y comienzas a recomendar el libro en la librería, en las redes sociales, en el bar, en la biblioteca… lo recomiendas a todos aquellos que quieran sentir, emocionarse y vivir el amor (de nuevo o por primera vez; en ocasiones absurdo, pero siempre incondicional) de una madre.


Alejandro PalomasAlejandro Palomas (Barcelona, 1967) es licenciado en Filología Inglesa y Master in Poetics por el New College de San Francisco. Ha compaginado sus incursiones en el mundo del periodismo con la traducción de importantes autores. Entre otras, ha publicado las novelas El tiempo del corazón (publicada en Siruela y por la que fue nombrado Nuevo Talento Fnac), Tanta vida, El secreto de los Hoffman (finalista del Premio de Novela Ciudad de Torrevieja 2008 y adaptada al teatro en 2009), El alma del mundo (finalista del Premio Primavera 2011) y El tiempo que nos une. Su obra ha sido traducida a ocho lenguas.

Bajo el techo que se desmorona

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Bajo el techo que se desmorona de Goran PetrovicLa imagen de infinidad de cascaritas de cal, casi imperceptibles, lloviznando desde el techo del Cine Sutjeska, desde la imagen del universo, el sol y la luna que lo adornan, es la metáfora de la que se sirve Goran Petrovic para narrarnos la caída del régimen comunista de la antigua Yugoslavia, la desilusión y el desvalimiento de sus gentes y que justifica todo el genial libro que os queremos recomendar en esta ocasión: “Bajo el techo que se desmorona“, editado por Sexto Piso, es un libro (¿novela, historia, memorias…?) que centrándose en las historias mínimas, en detalles sin importancia que suceden en un anticuado cine, recorre momentos cruciales de la vida de un país, de un continente, de todos nosotros en general.

Centrando la mirada en el Cine Uranija, y en su acomodador, el servil y siempre ausente Simonovic, el autor, con un refinadísimo sentido del humor y una cercanía muy difícil de conseguir, nos habla de cada una de las personas que han sido importantes en él. Así conocemos a su fundador, el zapatero y comerciante Laza Jovanovic quien con una apuesta comercial disparatada (comprar miles de botas izquierdas del ejército que nadie quiere a la espera de que aparezcan las botas derechas) consigue el dinero para construir el Hotel Jugoslavija en la calle principal de la ciudad, con una fastuosa sala de cine en la parte trasera. O también podemos conocer al camarada Avramovic, un antiguo y destacado militante de la Liga de los Comunistas, tan acostumbrado a las reuniones del Partido y a sus votaciones que conserva el tic de levantar el brazo derecho en cualquier momento, lo que le lleva a ocupar cargos importantes, pero también propicia su caída en desgracia: tan solo depende del momento en el que el bueno de Avramovic levante el brazo.

Se suceden las descripciones divertidas y sutiles de personajes entrañables y disparatados (quién sabe por qué nos vienen a la mente películas como “Amarcord” de Fellini o “Splendor” de Ettore Scola), como la de la increíble pareja de inmigrantes Gagui y Dragan: Dragan es incapaz de leer los acostumbrados subtítulos de las películas extranjeras y pide a Gagui que le cuente qué dicen los personajes, y este lo hace con un cariño enorme; tanto que, poco a poco, se va alejando de la realidad de lo que se lee en pantalla para ir inventando unas historias cada vez más alocadas, pero seguro de que emocionarán a Dragan. Todo ello molesta al aburrido señor Dordevic que, en su rectitud de hombre de bien, mete sus narices donde no le llaman y recrimina constantemente a Gagui que engañe a su amigo.

Con un hermoso estilo narrativo y una calculada candidez, el autor deja abierta la puerta a que indaguemos tras cada uno de estos personajes y situaciones para encontrar un reflejo de la historia de su país, de sus gentes capaces de los gestos más hermosos y de las más crueles maldades (en la narración no se olvida de mirar a algún que otro “personajillo” poderoso capaz de sembrar terror con tan solo ofrecer un cigarrillo de su pitillera).

Una verdadera joya tan breve que podréis leerla en un suspiro, pero estamos seguros de que si os animáis a sumergiros en ella, no os conformaréis con eso y querréis saborear sus distintas lecturas, volviendo adelante y atrás, quedándoos atrapados bajo ese techo desvencijado y triste.

Goran Petrovic

¡Melisande! ¿Qué son los sueños?

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¡Melisande! ¿Qué son los sueños?En ocasiones no resulta fácil de explicar el impulso que nos hace meter en la mochila un libro y no otro cuando nos volvemos a casa al cerrar la librería: una reseña apasionada (acertada o no), la recomendación de otro librero o la presencia de un autor que en alguna otra ocasión ha conseguido removernos son a menudo causas suficientes para generar esos impulsos. Pero hay otro factor importante que puede impulsar definitivamente a un librero a leer un libro a pesar de no saber nada de la obra en sí ni de su autor: la sincera apuesta de un editor independiente, comprometido y amante de su trabajo.

Esto último fue lo que consiguió que estuviéramos esperando con verdadero afán la publicación de una novela que, en sí misma, no tenía demasiadas posibilidades de destacar entre las demasiadas (y muchas veces prescindibles) novedades que se reciben cada día en la librería. La ópera prima de un crítico literario norteamericano, de 73 años, habitante de Israel… pero es enorme el agradecimiento hacia su editor Luis Solano, de Libros del Asteroide, por habernos “convencido” de leer esta obra tan sencilla y tan hermosa.

No exageramos si decimos que leer “¡Melisande! ¿Qué son los sueños?” de Hillel Halkin supone una experiencia sobrecogedora, porque desde la primera página nos seduce con la historia de tres jóvenes amantes de la literatura y la escritura, que comienzan una juvenil, pero difícil relación a tres bandas de amor y afecto en la Nueva York de los años cincuenta. Los versos de un poema de Heinrich Heine sirven a Hoo (a modo de magdalena de Proust) para rememorar ese trío maravilloso e imposible que formó desde el Instituto con Ricky y Melisande, y narrarnos así toda su historia, implicándonos de un modo involuntario, pero irremediable. Porque resulta muy complicado no sentirse involucrado, en el medio de los acontecimientos por un autor que lo narra todo con aparente desapego, pero con un enorme afecto por sus protagonistas.

Este librero tiende a ser algo exagerado en sus comparaciones cuando una novela le ha apasionado, pero lo cierto es que Halkin consigue con esta novela hacer recordar a la literatura de nuestro amado Richard Yates, la literatura de la frustración ante los retos de la American Way of Life, y de la ansiedad por ver cumplidos los sueños; la de los personajes perfectos, creíbles… en definitiva, la literatura de los grandes narradores norteamericanos.

Un hombre al margen

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La historia de la humanidad, y por tanto la de la literatura, está plagada de casos de condenas injustas, de personas inocentes acusadas de unos hechos que no cometieron. Filósofos, brujas, infieles, profetas o sencillos ciudadanos fueron ajusticiados a pesar de que la historia demostró su inocencia y los absolvió. Sin embargo, la mayoría de ellos nos resultan tan lejanos en el tiempo o en el espacio que tenemos la tentación de creernos completamente a salvo de ser considerados falsos culpables.

Un hombre al MargenSin embargo, la novela que hoy os queremos recomendar nos da una bofetada en el “buenismo” en el que esta sociedad se ha instalado, advirtiéndonos de que no solo cualquiera de nosotros puede llegar a ser el blanco de todas las miradas sin tener culpa ninguna, sino que también cada uno de nosotros es perfectamente capaz de condenar a nuestro prójimo teniendo en su contra tan solo indicios, sensaciones, opiniones (quien no haya considerado en algún momento que Dolores Vázquez debía pudrirse en prisión por el asesinato de Rocío Wanninkhof, que tire la primera piedra).

En “Un hombre al margen“, editada por la estupenda Nórdica Libros (que ha supuesto a su autor, Alexandre Postel, obtener el Premio Goncourt 2013 a la Mejor Primera Novela), conocemos a Damien North, un severo, aunque algo extravagante, profesor universitario de Filosofía quien muy pronto se ve envuelto en una acusación descabellada y socialmente deplorable como es la de tenencia de material pornográfico pedófilo. Debido a su dificultad en superar la muerte de su esposa (bastantes años mayor qué él), a sus escasas habilidades sociales y a la repugnancia que genera en la sociedad este tipo de delitos, muy pronto Damien se encuentra solo, perdido y declarándose culpable sin comprender la razón.

Al estilo de la angustiosa y emocionante película danesa “La Caza” (nominada al Oscar a la mejor película en habla no inglesa), Postel nos va introduciendo con aparente sencillez no exenta de crueldad, en lo inexorable de los convencimientos colectivos, en una dramática situación en la que un golpe de suerte se convierte en la única salvación posible. Con estilo lingüístico impecable y una narración en ocasiones desoladora, el autor denuncia que intentar guardar distancias o tener sentimientos privados y especiales puede resultar enormemente sospechoso en una sociedad tolerante y abierta, pero tan propensa a la imposición de las propias opiniones y los prejuicios como la nuestra (que se agrava aún más si tenemos en cuenta el enorme poder que podemos alcanzar al convertirnos, cada uno de nosotros en un medio de comunicación gracias a las redes sociales, añadimos nosotros), a la vez que nos obliga a reflexionar sobre si es posible empezar de cero después de ser apartado al margen.

Por si se va la luz

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¿Quién no ha soñado alguna vez con escapar, con huir a un lugar recóndito en el que encontrar la senda sin que nadie pueda dar con uno? ¿Quién no ha tenido la fantasía de abandonarlo todo por vivir un amor auténtico, carnal y excluyente? Somos muchos, muchísimos lo que cerramos los ojos y sonreímos al imaginarlo, pero… ¿cuántos de nosotros hemos tenido en cuenta las verdaderas consecuencias de huir, de por fin protagonizar una escapada?

Por si se va la luz de Lara MorenoEsta es, básicamente, la base de la fantástica novela que os queremos recomendar en esta ocasión: “Por si se va la luz” escrita por la andaluza Lara Moreno y editada por Lumen. En ella Nadia y Martín lo abandonan todo sin mirar atrás, asqueados del ambiente cultural de la gran ciudad, de las estresantes exposiciones y los “saraos” literarios, tan divertidos como falsos e hirientes. Gracias a una organización menos inverosímil de lo que cabría pensar, encuentran un recóndito pueblo aislado de toda forma de civilización (salvo una furgoneta de gitanos que facilitan el trueque y algún contacto con el exterior) que cuenta con tres habitantes y un cerdo. En este renacimiento (consentido, aunque algo forzado para Nadia), asistimos a una terrible y esperanzadora lucha por la supervivencia, en la que todo adquiere un nuevo valor, la soledad, la tensión y la violencia se cruzan de cerca con la solidaridad, y en la que la mayor de las dificultades no es tanto la incierta comida del día siguiente, como la necesidad de permanecer cuerdo un día más.

Empieza a faltar comida. Hace muchísimo frío. Mientras me conservo aquí dentro, abriendo los ojos al mediodía, con los músculos contraídos, y paso el tiempo sufriendo o siendo consciente de que tengo que dejar de sufrir, siento que aún no hemos llegado, que estamos de vacaciones, que no me he despedido de todos y he aceptado la proposición de repoblar este lugar vacío. Él sabe que yo habría preferido aguantar allí hasta el final, e intenta alimentar cada residuo de energía que contienen mis células. Por eso me ha traído aquí, porque está convencido de que la vida puede comenzar de nuevo.

A través de las páginas de la novela, vamos escuchando una a una las voces de casi todos los habitantes del pueblo y vamos conociendo así su mundo mínimo, concentrado, pero que, en tantas ocasiones, se convierte en el reflejo de todos los mundos posibles. El viejo Damián, duro como una roca cada vez más agrietada, encantado porque comienza a darse cuenta de que pronto se reunirá con su añorada Maruja; la sabia y repugnante Elena, capaz de actuar de curandera, pero incapaz de querer a alguien más que a su puerco; el hastiado y descreído Enrique, dueño del bar y de una buena cantidad de libros, único refugio para la perdida Nadia.

Con un estilo literario rico, personal y moderno, aunque sin estridencias, cortante, rudo, pero de un enorme valor poético, Lara Moreno ha conseguido sorprendernos con esta novela-bofetada en la que, camuflado de visión apocalíptica, podemos encontrar un enorme grito de esperanza, una invitación a buscar el nuevo y propio camino, se encuentre este en el fin del mundo o en la vuelta de la esquina… en definitiva, a abandonar la isla en la que nos hemos convertido.