Patria

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978849066319Ha pasado bastante tiempo de que os hicimos la última recomendación, pero aquí estamos de nuevo con ganas de acercaros aquellos libros que, por cualquier motivo, han conseguido enamorarnos.

Y queremos retomar nuestras recomendaciones con el que, a nuestro modesto modo de ver, ha sido el mejor libro editado en España en 2016: Patria, de Fernando Aramburu, editado por Tusquets Editores, una obra maestra que, o mucho nos equivocamos, o entrará a formar parte de los clásicos nacionales en no demasiado tiempo.

Y es que la novela nos sitúa ante un tema casi tabú en nuestro país durante muchos, demasiados años: el terrorismo de ETA, hablándonos sin tapujos y sin demasiados miramientos de la forma en que los habitantes del País Vasco han sufrido la tragedia durante más de cincuenta años.

Nos encontramos en un pueblo de mayoría abertzale cercano a Donostia-San Sebastián, ante el inesperado, pero temido reencuentro de dos mujeres vascas vascas (con todo lo que ello conlleva), amigas de la infancia, de meriendas e incluso de vocación religiosa, cuyas vidas han sido separadas por los muros de la incomprensión y la intolerancia: Bittori cuyo marido El Txato, un empresario valiente (o temerario) que decidió hacer frente al chantaje, es asesinado por ETA, y Miren cuyo primogénito se pudre en una cárcel española, metido en la lucha armada por un odio clavado en las entrañas a fuego y represión. Las llagas, el dolor y el rencor van creciendo en ambas a la par que crece en la sociedad la distancia entre los unos y los otros.

Con una magistral puesta en escena, el autor hace un enorme ejercicio de empatía, dejando que los personajes implicados cuenten su visión de lo sucedido, todos ellos guiados por un narrador, convertido en un personaje más (magnífico el juego literario que Aramburu crea cuando el narrador pide explicaciones a los personajes) y con un uso del lenguaje tan cercano y real que nos introduce en la novela con una facilidad pasmosa.

Una conmovedora obra que fascinará tanto a quienes han vivido de cerca el drama cotidiano (por la facilidad que encontrarán para identificarse con uno u otro personaje) como por quienes, desde lejos, hemos asistido, sin comprenderlo muy bien, a un asunto totalmente ajeno, pero que acabó salpicándonos a todos. Si se nos permite la osadía, creemos que Fernando Aramburu ha dado en el clavo y ha escrito, dicho sea con el permiso del gran Ramiro Pinilla, la Gran Novela Vasca.

Departamento de especulaciones

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Lo autobiográfico no siempre son los hechos, sino los sentimientos o su reinvención.
Jaime Gil de Biedma.

Con esta acertadísima cita, el editor de Libros del Asteroide cierra la edición española de Departamento de especulaciones, segunda novela de la escritora norteamericana Jenny Offill.

Una escritora de Brooklyn se encuentra desbordada por diversos acontecimientos: su reciente maternidad, la dificultad para lograr la trayectoria profesional y artística que siempre deseó y la evolución de su matrimonio, ese “departamento de especulaciones” que antaño era el remite de sus cartas. Toda crónica de un amor tiene dificultades que superar (nadie dijo que vivir fuera algo sencillo), pero no os engañéis, queridos amigos, no estamos ante una ficción doméstica sin más pretensión que narrar una historia que podría ser lugar común, en absoluto. Esta historia es mucho más que eso.

Por el modo en que la autora construye y deconstruye toda la novela, rápidamente nos damos cuenta de que no estamos ante una narración lineal al uso. Jenny Offill juega con nosotros y lo hace de forma magistral, utilizando recuerdos, reflexiones, fragmentos y referencias científicas, literarias y filosóficas (desde Hesíodo, Rilke o Keats hasta los cosmonautas rusos). Todo ello conforma el armazón de un relato en el que los sentimientos ocupan un papel primordial (de los protagonistas ni siquiera conocemos sus nombres y apenas llegamos a atisbar su aspecto físico), las emociones son el verdadero sustrato, el poso que permanece, sobre el que se asienta la memoria. Departamento de especulaciones se lee desde dentro, de forma fragmentada, como si de un diario íntimo se tratase.

Con una escritura viva, rica en matices y sensaciones, cada reflexión que encontramos, cada cita literaria forman parte de un todo, compacto y armónico. Los espacios en blanco, esa aparente desconexión entre párrafos, no son sino silencio, también imprescindible para subrayar la intensa vida emocional de la novela. Jenny Offill utiliza de manera brillante la forma como un recurso narrativo. El resultado, como el punzón que surca la plancha de metal, penetra en el lector dejando una huella indeleble.

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Ve y pon un centinela

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centinelaNada más comenzar este verano que ya se va, unos pocos días antes de marcharnos de vacaciones, llegaba por fin a la librería uno de los libros que con más impaciencia habíamos esperado en los últimos tiempos: la continuación de la maravillosa Matar a un ruiseñor de Harper Lee, la secuela de una novela convertida en auténtico icono de la libertad, la igualdad y la justicia.

La espera había estado aderezada de secretismo y noticias controvertidas: en primer lugar la novela llevaba más de cincuenta años guardada en el cajón de su autora (imaginamos que sería debido al terror de su autora a que los lectores no la consideraran digna de su opera prima) y muy poca gente lo sabía; también nos decían que, al parecer, su protagonista, Atticus, se convertía en su propio antónimo; incluso, se decía que de entre los pocos afortunados que habían tenido acceso a ella, algunos se habían indignado por el desarrollo de la historia… En fin, noticias que no hacían si no aumentar las ganas de leer Ve y por un centinela.

Cuando por fin estuvo en nuestras manos (os recomendamos vivamente que antes de disfrutarla leáis o releáis Matar a un ruiseñor, tan actual como si no hubieran pasado casi ochenta años), pudimos comprobar cómo la novela no desmerecía en absoluto a su antecesora: además de poder seguir adelante con la vida de unos personajes tan queridos, nos hace reflexionar sobre el peligro de los extremos y sobre la necesidad de juzgar que tan instalada tenemos todos en el cerebro.

Jean Louise, nuestra salvaje Scout, ha cumplido veintiséis años y vive en Nueva York. Cada año vuelve a Monroeville, en el condado de Maycomb (Alabama) para pasar unos días con su padre, con la repelente tía Alexandra y con el joven Hank, inteligente, limpio y sincero. Atticus Finch ya no es un padre joven, tiene 72 años y la artritis va dominando cada movimiento, cada acto, pero sigue siendo un hombre cabal y justo que ha decidido ir traspasando su despacho de abogado a Hank.

Evidentemente para Scout, acostumbrada a la grandeza de Nueva York, Maycomb, pese a sus evocadores y hermosos rincones, se ha convertido en un lugar asfixiante, quieto y cruel, incapaz de avanzar un solo paso para ir cerrando la brecha entre blancos y negros. Lo que ella no podía llegar a imaginar es que las cosas habían cambiado tanto que la persona que ella había tenido como guía, como viva imagen de la dignidad y la justicia, formaba ahora parte del Consejo Ciudadano de Monroeville, una asociación vecinal creada por los blancos creada para combatir a la cada vez más instalada y violenta NAACP (Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color).

Contar lo que sucede después sería desvelar demasiado de la novela, pero en ella no encontramos un intento de ensalzar a la raza blanca, como acusan algunos, sino un intento de demostrar la necesidad de no juzgar a las personas sin antes intentar calzarse sus zapatos, sin valorar todos los elementos que les hacen actuar de un modo determinado. En definitiva, de ser realmente justos en cada momento.

Una hermosa historia tan viva, real y actual como la de su predecesora que intenta (y consigue) que nos replanteemos el punto de vista ante todo lo que sucede a nuestro alrededor (y suceden tantas cosas) y nuestras decisiones más tajantes.

La vida de las paredes

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moranteEntrar en el enorme portal número 16 de la calle Argumosa significa sumergirse en un mundo de silencios y secretos, percibir la tenue luz que entra por la vidriera emplomada y el fuerte olor a madera envejecida y a alcanfor. Franquear el enorme portal mirando de reojo a la minúscula portería, subir despacio las escaleras para observar sin disimulo en cada piso la difícil vida de sus habitantes por un agujerito, como ese por el que Fernando Ruballo espía a María la bordadora.

En el número 16 de la calle Argumosa conviven el sufrimiento, la belleza, la locura y el amor: una pared llena de fotografías que esconden secretos que el niño de los López, segundo derecha, descubre a la pobre María; una hermosa mujer danzante rodeada de cuatro aves exóticas que deslumbra desde su vidriera en los días soleados; la Musa, la bella joven del ático, que en vano espera la vuelta de su artista; el comerciante del tercero derecha que añora a su madre y que sueña con montar su propia paragüería, pero aún más con encontrar el amor…

La sencilla, pero exacta narración y sus maravillosas ilustraciones (busco otro adjetivo menos usado, pero este se me antoja el más exacto) envuelven al lector de un modo irremediable hasta el punto de resultar imposible no percibir el tacto del papel pintado de sus paredes, no apreciar cómo la sonata Arpeggione de Schubert va invadiendo las estancias del piso de la propietaria del edificio, Berta Noriega, o no sentir el alocado terror que al pobre Emilio le provocan las cuatro gárgolas.

El enorme talento de Sara Morante consigue avivarnos los cinco sentidos con esta comunión perfecta entre palabra e imagen. Un libro que ha conseguido sobrecogernos, pero sobre todo enamorarnos. Una experiencia fascinante.

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Suburbana

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SuburbanaEn numerosas ocasiones hemos tenido la oportunidad de leer narraciones sobre la historia reciente de la Argentina, sobre la barbarie de la dictadura, los miles de detenidos y desaparecidos, las leyes que no hicieron la esperada justicia. Desgarradas o asépticas, justicieras o conciliadoras, crueles o luminosas, inteligentes o simples, estas narraciones no son si no la demostración de la enorme y perceptible cicatriz que esos hechos dejaron en la piel de la gran mayoría de argentinos.

Es probable que a un lector de esta parte del mundo le provoque cierta pereza acercarse de nuevo a una obra de un escritor argentino y a una parte de su historia (pero, ¿no es acaso también nuestra historia?), pero desde Taiga os recomendamos que superéis ese prejuicio para que no os perdáis esta deliciosa novela.

Renzo lleva doce años viviendo en Madrid, exiliado, cuando debe volver a Buenos Aires porque el Viejo está muy grave. En un instante, como en un fogonazo, Renzo percibe la enorme factura que ha generado la distancia y aunque él no desea dejarse atrapar por los recuerdos entiende que es el único modo de comprender su presente. Lo que no espera es la aparición de Alma, hija del Viejo, su hermana de cuya existencia nada sabía.

Junto a Alma él trata de desentrañar la historia de su familia para una hermana que no pudo vivirla: los años del asado del Viejo que conseguía juntar a toda la familia, la fortaleza práctica de una madre que no acaba de derrumbarse, la necesidad de pasar desapercibidos a causa del miedo atroz que se incrustó en ellos… Mientras comparten la enfermedad del Viejo, Renzo habla y Alma escucha, pero cuando esta le regala su cuaderno, Renzo descubre una historia muy diferente a la suya, la de quienes eligieron no vivir en el permanente disimulo y sufrieron las consecuencias.

La aparente sencillez de su lenguaje (solo aparente) y la narración perfectamente estructurada la convierten en una novela rica, inteligente, tierna, sugerente… como la ha definido un compañero librero, soberbia.

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En la cabeza de Bruno Schulz

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en_la_cabeza_de_bruno-schulz1Bruno Schulz está indignado. Ha llegado a la ciudad una persona que dice ser Thomas Mann, pero él sabe que no puede ser verdad. El gran escritor alemán no puede ser ese cretino que anda ufano por la ciudad tan pagado de sí mismo. Sí, tiene que ser un impostor, un doble que apenas guarda parecido con el Nobel. Bruno Schulz quiere que el insigne autor de “La Montaña Mágica” sepa que un usurpador ha llegado a Drogóbich y que con cada una de sus bravatas, socava su reputación.

Se ha convencido de que ha de escribirle una carta, pero no una cualquiera: la carta exacta que, además de servir de aviso de lo sucedido, sirva para que Mann pueda apreciar la gran calidad de sus escritos, el desbordante talento que Schulz cree poseer. Y es cierto. Entrando en la cabeza de Schulz nos damos cuenta de que no es un tipo normal, sino una mente creativa, superdotada… y enferma. Porque en la cabeza de Schulz el rumor del ir y venir del mar se expande hacia el mundo entero. En la cabeza de Schulz es el miedo el único motor que se permite manejar todos sus movimientos en el penumbroso sótano en el que habita. En la cabeza de Schulz tiene cabida (es la única en la que podría caber) el apasionado amor por la pobre Helena, tan sucia y repugnante.

En esta brevísima novela editada por minúscula, el escritor alemán de origen ruso y ascendencia judía Maxim Biller, nos invita a compartir los pensamientos de un profesor de dibujo dominado por el miedo que está, pese a que él crea lo contrario, a punto de convertirse en una hoja en blanco.

Brillante, sorprendente, impactante. Una de esas lecturas que se quedará en tu cabeza dando vueltas y más vueltas… como en la de Schulz.

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Clases de baile para mayores

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Hrabal

Igual que algunas veces me he enamorado de un libro por su sintaxis perfecta, su ritmo marcado y una historia coherente, otras veces lo que me ha fascinado es exactamente lo contrario, y no quiero decir que sea mejor ni peor, que quién soy yo para calificar de esa manera un libro, y quienes lo hagan seguramente tendrán que rendir cuentas a los lectores cuando ellos también se dejen seducir por su locura, la del auténtico monólogo: un estilo muy teatral, desde luego, pero mucho menos usado en la ficción para contar historias del pasado… para contar las andanzas de un viejo libertino como hace en “Clases de baile para mayores” el checo Bohumil Hrabal, el viejo bebedor con alma de crápula, que cantaba y bailaba cuando no escribía sus geniales novelas y que fue capaz de contar su vida sin realmente escribir una autobiografía, como hizo en “Bodas en casa“, en la que la protagonista era su esposa que lo protegió, lo ayudó y acarreó con todos los inconvenientes que provoca en quienes le rodean la vida de un escritor: meses sin ver un duro, horarios tan intempestivos que resulta imposible hacer el más mínimo plan, el prestigio social entre los vecinos que no hace más que bajar; no os vayáis a creer que la vida del escritor es fácil, menos aún si este bebe como toda la tripulación de un barco pirata… aunque habrá quién me diga «pues yo conozco a muchos escritores y son muy normales, como tú y como yo», a lo que yo suelo contestar «eso será porque no conoces a Hrabal», el autor checo que después de obtener cierto prestigio internacional fue represaliado por la Checoslovaquia comunista a pesar de lo cual nunca dejó de crear, incluso fue capaz, a pesar de las enormes dificultades, de escribir en esa época la que para mí fue su mejor obra y una novela que debe formar parte de la historia de la Literatura Universal como “Una soledad demasiado ruidosa“, y nunca dejó de mirar su país con los ojos de la memoria, siempre mirando a lo lejos para discernir parte de la bondad que él recordaba y del mundo que sabía ya perdido, amante como era de narrar pequeñas anécdotas que a lo mejor no le sucedieron, pero que mostraban con total sinceridad a su Chequia y sus gentes, con una genial capacidad para convertir en entrañables las historias que contaba, por muy terribles que nos parezcan vistas desde el siglo XXI, desde una sociedad saturada, pero insatisfecha, indignada, pero incapaz, o al menos esa es lo que este humilde librero cree que Hrabal pensaría si no hubiera muerto hace 18 años al caer de un quinto piso; que si se suicidó o no siempre ha sido una tema que a mí me ha parecido innecesario y lo verdaderamente importante fue la pérdida tan enorme que el hecho supuso para las letras checas y europeas, que ya no podrán contar con locuras tan fascinantes como esta “Clases de baile para mayores” que podemos leer gracias a Nórdica Libros; o quizá sí, que vaya usted a saber si existe por ahí, en algún rincón de este continente, un escritor que sea capaz de hacernos reír, sobrecogernos y contar historias tan sencillas como impactantes; pero, querido lector, hace rato que te escucho desde mi ordenador protestar porque no entiendes cómo se me ha ocurrido la locura de recomendar un libro de esta manera, a lo que, algo ufano lo reconozco, te contestaré que se trata, tan solo, de un humilde y pequeño homenaje al estilo que Hrabal usó en este magnífico libro para contarnos, como si nos hubiéramos encontrado con él en la barra de su cervecería favorita, la historia de su vida; pero sobre todo, ten en cuenta que si esta recomendación te ha gustado, aunque solo sea un poquito, el libro te apasionará.

El jardín

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9788496457935Ya han terminado las fiestas (¿he oído decir por fin?). Esperamos que hayas disfrutado, formulado tus buenos propósitos para el 2015 y leído mucho. Nosotros lo hemos hecho. El poco tiempo del que hemos dispuesto lo hemos dedicado a rebuscar de entre las muchas novedades los libros que merecieran la pena ser traídos aquí en este nuevo año. Y la verdad es que hemos encontrado unos cuantos: novelas, relatos, cantos, “autoficción”, economía… poco a poco irán apareciendo todos por este espacio de recomendaciones, no te apures.

Uno de los que más nos ha impresionado por su mezcla de inteligencia y sencillez ha sido “El jardín” de Ismael Grasa, editado por Xordica, una maravilla formada por cinco relatos breves sin florituras, directos y hondos. Vidas pequeñas de personas en apariencia sin ninguna relevancia, historias casi insignificantes, pero que, con apenas nada, adquieren una importancia vital en las que la única salida es encontrar un motivo para la esperanza. Retazos de vidas narrados por Ismael Grasa con tanto cuidado y tanta maestría que, de forma creciente, nos envuelven y casi nos hipnotizan.

En estos relatos, seguimos a Miguel, el vigilante de un colegio y muy aficionado a los problemas de lógica, en su vida aparentemente llena de inteligencia, aunque esta no sea lo que parece. O nos enfrentamos a la sorprendente decisión de Víctor de dejar la caja de ahorros para vivir como un rudo hombre de campo, con la loca idea de huir de un mundo estúpido, pero en la que tan fácil es encontrarse con otro mundo igual de estúpido, aunque esté poblado de jabalíes, huertos o la matanza de San Martín.

El autor nos mete en la piel Julián, un chaval de apenas 15 años encargado de deshacerse de unos trastos de casa de su querida tía y que, por sus miedos de torpe adolescente ve en Emilio, el trapero del barrio, a la imagen misma del mal. Participamos de los proyectos de futuro de un estudiante y su novia Nora, tan ilusionantes como quietos y estancados por la falta de coraje, de vida. «Las cosas suceden en otra parte, nunca aquí» le escupe Nora para intentar sacarlo del letargo. El libro termina con la vida del joven jardinero que, en plena educación sentimental, se halla en el punto de mira de una organización religiosa.

Cinco pequeños momentos de cinco vidas diminutas que tienen tanto de las de todos nosotros, que se nos cuelan y nos hacen revivir los días en que buscamos una salida. Narrados con un lenguaje preciso, en ocasiones aséptico, pero muy inteligente y acertado.

Un libro brillante que habrá que releer pronto.

Así empieza lo malo

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En numerosas ocasiones, es recomendable (por no decir necesario) tener la sana costumbre de saber discernir entre la figura del escritor de la del personaje público que este proyecta. De no ser así, muchos lectores se perderían el placer de leer a ciertos escritores capaces de suscitar entre quienes permanecen atentos a sus regulares diatribas, la misma cantidad de amores que de odios.

Así empieza lo maloEste es el caso de Javier Marías, un creador permanentemente cabreado y ceñudo, capaz de rechazar premios importantes a la vez que se granjea la enemistad de un buen número de colegas por cualquiera de sus encendidas intervenciones en prensa, pero que, a la vez, es un grandísimo narrador, un maestro del lenguaje, uno de los más grandes de la literatura de nuestro país.

Así pues, descartadas las fobias y las filias por el personaje, pasamos a hablar de su última novela, que es, en nuestra humilde opinión, una de las mejores narraciones que se han publicado en nuestro país en este año: “Así empieza lo malo“, editada por Alfaguara, narra un momento crítico en la vida del director de cine de serie B Eduardo Muriel y su esposa Beatriz Noguera, visto a través de los ojos del joven Juan de Vere mientras vive y trabaja en la casa del matrimonio como traductor y documentalista de Muriel.

De Vere (o “De-Víah” a la inglesa o “De-Veg” a la francesa, según la graciosa y erudita broma del profesor Francisco Rico, el real Paco Rico, convertido en la novela en un divertido y sabio personaje) asiste sin proponérselo al incomprensible desprecio que Muriel siente por su esposa. Es la búsqueda de una explicación racional a tanta infelicidad lo que lo lleva a unas situaciones difíciles de justificar, pero clarificadoras hasta el dolor. Beatriz, quien ejerce una indudable influencia en el joven Juan, lucha por recuperar a Muriel, aunque luche de un modo impredecible y algo sucio. Acompañamos, pues, a Juan en una suerte de investigación sin ningún sentido, que sirve para reflexionar sobre una España posfranquista obsesionada por cerrar heridas y abandonarse a la corriente de una transición ganadora, pero tan fácil de seguir como de engañar.

Con un estilo que raya en la perfección, intencionadamente despojado de toda pasión (algo que suelen reprochar a Marías el tipo de lectores que buscan la emoción en un libro), el autor nos pasea por Madrid, por España, por sus desilusiones, sus secretos y sus mentiras, todo ello sin adoctrinarnos ni buscar el morbo de escandalosas revelaciones.

Y después de haber disfrutado tanto con esta novela, ¡ya podemos volver a criticar a Javier Marías!